Roslandy Acosta: el voleibol venezolano brilla en Italia


Dicen que el éxito es para los que saben esperar. Roslandy Acosta lo sabe de sobra. La atacadora venezolana no se dejó ganar por la tentación de conformarse con opciones que estaban por debajo de sus sueños, y finalmente llegó adonde quería: convertirse en la única jugadora venezolana que se desempeña en la competitiva Serie A italiana, con el Foppapedretti Bergamo, un equipo histórico que está en plena reinvención.

La varguense de 1,90 mts es la segunda jugadora más joven de la historia que ha participado en unos Juegos Olímpicos, cuando compitió en Beijing 2008 con 16 años y cinco meses. Esa y la participación en el Mundial Juvenil de México cuando todavía era menor, fueron las únicas veces que se apresuró, porque después de esa experiencia extraordinaria aprendió que la única forma de llegar lejos era labrándose las cosas poco a poco.

“Me impresionó ver la guía de medios de Venezuela y ver que todas las jugadoras del softbol estudiaban en universidades de Estados Unidos”, recuerda Roslandy, de 25 años. “Yo estaba recién graduada de bachiller y en ese momento tomé la decisión de que tenía que seguir ese ejemplo”.

La litoralense consiguió ingresar a la Universidad de Arkansas, con la que llegó a disputar el campeonato de la NCAA, aunque resultó eliminada en primera ronda. A partir de allí el ascenso fue sostenido, gracias a la conversión de opuesta a punta, que cumplió de la mano del entrenador boricua Robert Pulliza. Luego de una temporada con las Velencianas de Juncos de la liga de Puerto Rico, logró su meta de trasladarse a Europa.

“Comencé con el Kangasala de Finlandia, con el que jugué solo cuatro meses, porque me incorporé a mitad de temporada”, recuerda Acosta, que terminó cuarta en esa oportunidad.

Su primera campaña completa en el voleibol europeo llegó en Suiza con el Volley Köniz, con el que perdió la final de la zafra 2014-2015. Después llegó la oportunidad de jugar en una liga más competitiva, como la alemana, con el Rote Raben de Visbiburg.

“Después de ese primer año me llegaron buenas ofertas de países de más nivel, como Polonia, pero en lo personal quería quedarme un año más en Alemania. En ese momento, sí tenía el pase a Italia como un sueño, pero lo veía inalcanzable. Mi manager me recomendó que fuera paciente, que esperara por la oportunidad de ir a Italia, porque ella sí la creía posible”.

Luego de una temporada en la que fue cuarta con el SC Postdam germano, el esperado llamado de la Serie A llegó, y nada menos que de uno de los equipos con mayor historia en la liga.

Tras una mala campaña, el Bergamo se refundaba de la mano de un grupo que reunía experiencia y juventud. Jugadoras históricas como la mítica líbero Paola Cardullo (que disputó más de 300 partidos con la selección italiana) o la central Paola Paggi, campeona del mundo en 2002, se combinaban con jóvenes como la punta croata de 18 años Ema Strunjak, la opuesta Sanja Malagurski y la central Mina Popovic, ambas de Serbia, subcampeonas de la Copa del Mundo en 2015 y cortadas a última hora del equipo que ganaría la medalla de plata en Río 2016, la colocadora de la “azzurra” Ofelia Malinov, la mejor atacadora del Nacional Menor Jennifer Boldini o la criolla Roslandy.

“Bergamo es un equipo con mucha tradición, que está comenzando un nuevo proyecto, con una mezcla muy interesante de jugadoras consolidadas y otras emergentes. La experiencia es extraordinaria, mucho más de lo que esperaba. No hay un juego fácil, siempre es un espectáculo jugar aquí, porque en Italia el voleibol se vive de una forma muy particular, muy intensa, la gente ama este deporte”.

La llegada a Bergamo estuvo a punto de ser trastocada por una hepatitis que le impidió ir con la selección nacional este año a la Copa Panamericana y luego al malogrado Grand Prix, en el que el equipo vinotinto dio forfeit en la final. “Fui honesta con mi manager y con el equipo, dejándoles claro que mi pretemporada no iba a ser completa, y por eso ellos tuvieron confianza en mí”.

Antes de Roslandy, solo dos jugadoras, las míticas aragüeñas Alejandra García y Graciela Márquez, habían llegado al voleibol italiano. Hoy la litoralense marca pauta luego de tres jornadas, ubicándose en el puesto 14 entre las atacadoras en las estadísticas individuales, y de primera en su club.

Solo un detalle ensombrece su gran momento personal: saber que la selección nacional no marcha al mismo paso que su exitosa carrera. “Sé que hay mucho nivel, tanto en masculino como en femenino, y yo estoy feliz por mis compañeros que han salido y muestran su talento en el exterior, pero es triste ver que no podemos aportar más al país, y los dos equipos van perdiendo cada vez más posiciones a nivel internacional”.

Por: Eumar Esaá

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