Lilibeth Chacón: remontando la cuesta de la vida


Hace poco más de un año vivía en una pieza en San Cristóbal, rindiendo los minutos para entrenar y preparar su propia comida en una cocinilla de una hornilla. Lilibeth Chacón siempre ha sido buena escaladora, y sabía que remontar la cuesta de la vida después de una suspensión por dopaje en 2015 iba a tomar una enorme cuota de sacrificio, pero ella estaba dispuesta a pagarla. Hoy recoge los frutos de su convicción de seguir en el ciclismo a pesar de las dudas y los obstáculos, convertida en la gran figura venezolana de los Juegos Bolivarianos, con cinco medallas entre la pista y la ruta.

“Trato de no ver mi pasado”, se apresura a cortar cuando se le pregunta por el enorme cambio de condiciones que significa haberse convertido, apenas dos años después de su suspensión, en el fichaje más importante en la historia del ciclismo femenino venezolano, contratada por el equipo UCI Michela Fanini. “Pienso que eso me dejó un aprendizaje. Me hizo más fuerte, ver las cosas desde otro punto de vista y ser más madura ante los problemas”.

Eso es todo lo que está dispuesta a decir sobre un trance que la dejó absolutamente en el desamparo. Desde finales de 2013, Lilibeth sentía que no rendía en los entrenamientos, y los médicos le explicaron que su cuerpo no estaba produciendo albúmina en los niveles que su exigencia física imponía. La impaciencia por recuperar el nivel la hizo escuchar a quienes le recomendaron usar Eritroproyetina.

Cuando el positivo se reveló, ella no pidió abrir la muestra B, consciente como estaba de su error. Infructuosamente, defendió la clasificación a los Panamericanos de Toronto 2015 que había ayudado a obtener a la persecución por equipos femenina, con el argumento de que sus compañeras no debían pagar por su falta. Dio información sobre la forma en que había obtenido la sustancia, para atenuar el rigor de la pena. Lo que no pudo evitar fue el robo de su material de competencia, cuando llegaba a una concentración de la selección nacional en Valencia, poco antes de que la UCI anunciara el positivo. Lo había perdido todo.

Hoy en cambio celebra haber tocado el cielo del ciclismo venezolano. Dos veces subcampeona del Tour Femenino y de la Vuelta a Colombia (donde por dos temporadas en fila ha ganado la montaña), vencedora de la Vuelta al Valle del Cauca y campeona contrarreloj en Venezuela, la hora de abandonar las filas del Cycling Girls, con el que se proyectó en su regreso a las carreteras, finalmente llegó. Lo hace con una oferta de una escuadra de máxima categoría, el Michela Fanini italiano.

Un equipo de Estados Unidos y el Cervetto italiano, donde corren la venezolana Jennifer César y las colombianas Jessica Parra y Ana Sanabria (que se tituló por delante de Lilibeth tanto en el Tour Femenino como en la Vuelta a Colombia), ya habían mostrado interés por la pequeña escaladora tachirense de 25 años. “Pero las cosas que me estaban ofreciendo no eran lo suficientemente atractivas para que me fuera con ellos”, confiesa Chacón. “Este equipo (Michela Fanini) me asegura cosas como correr el Giro de Italia y otras carreras muy importantes”.

“Lilibeth es una muchacha de gran potencialidad”, destaca en declaraciones a la prensa italiana Brunello Fanini, presidente del club y padre de la corredora que dio nombre a la escuadra, Michela, ganadora de un Giro de Italia en 1994 y muerta ese mismo año en un accidente automovilístico apenas a los 21 años. “Ha demostrado que anda muy fuerte, haciendo entrever que tiene notables márgenes de mejoramiento. Además ha demostrado ser una persona muy determinada y con mucha garra. Estamos contentos con su contratación”.

El llamado del otro lado del Atlántico (segundo en la carrera de Lilibeth, que ya corrió en 2011 con el Bizkaia Durango español) llegó en un momento en el que la pupila de Jhoann Robayo comenzaba a cuestionar su continuidad en Colombia, donde se sentía poco respaldada por su equipo. Extrañaba apoyo para el trabajo específico de contrarreloj e incluso había sufrido un accidente, en el que una moto la arrolló, obligando a una operación en una mano pocas semanas antes del Tour Femenino. En esa etapa había llegado a pesar en el retiro.

“Venía teniendo problemas y mi entrenador venía hablando con otros equipos, porque para ellos es bueno que yo esté en el extranjero, porque ya puedo mostrar lo que he logrado aquí. Esas cosas ya se venían hablando. Desde marzo había conversaciones con un equipo francés, y ya después de los resultados de la Vuelta (a Colombia) se sumaron otros interesados”.

Para Lilibeth, esta experiencia europea será totalmente diferente a la primera. “Ya soy una persona más madura, sabré enfrentar las cosas desde otro punto de vista. Si me surge un problema sabré resolver de otra forma”.

Su nombre se une al de leyendas como Leonardo Sierra o José Rujano, los mejores venezolanos en el Giro de Italia, o a los de Jackson Rodríguez y Yonathan Monsalve, que también brillaron en las cumbres transalpinas.

“Sí siento que de alguna manera estoy haciendo historia, aunque ya otras corredoras habían competido en Europa, pero no a este nivel de estar peleando carreras. Todos esos ciclistas que lo hicieron antes fueron una motivación para mí. En una ocasión estaba en un hotel, mientras disputaba la (clásica ciclística) Flecha Valona en Bélgica y un corredor retirado me preguntó por Leonardo Sierra, comenzó a contarme que fue un excelente competidor, recordó el episodio de la suspensión (por irse a los golpes con el local Ramón González en la Vuelta a España de 1995) y me decía que estaba súper contento de haber coincidido con él”.

De momento, Lilibeth solo tiene claro que correrá el Giro de Italia, el Giro del Trentino y el Giro de Toscana. Mientras tanto prefiere darse tiempo para saborear la gran actuación que completó en los Juegos Bolivarianos de Santa Marta.

El oro de la ruta fue probablemente la presea más valiosa, porque la logró aguantando sola el remate de cuatro colombianas que trabajaron juntas para acabar con su liderato: Diana Peñuela, Paula Patino, Mónica Calderón y Ana Sanabria, que venía de superarla en el Tour Femenino y el giro neogranadino, y quien dos días antes la había confinado al bronce en la contrarreloj de los Juegos, mientras el oro iba para la sorprendente chilena Aranza Villalón.

En la pista, Lilibeth se reivindicó con sus compañeras de la persecución por equipos, las mismas que quedaron fuera de los Panamericanos en 2015 con su dopaje. Con ellas alcanzó una plata, lo mismo que en la prueba por puntos, y se coronó en la persecución individual. La de San Rafael del Piñal espera que la actuación que la deja como la venezolana más destacada de los Bolivarianos sea apenas el preludio de su definitiva explosión en Europa.

Por: Eumar Esaá

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